Lamentable intento de un soneto nocturno

 

Las horas que escurren, y el tiempo,

sempiterno burlón.

Puesto el ojo en su reloj,

avanza sin desconcierto.

 

No, así no se escribe un soneto.

A Jacinta no le gustan esos temas,

siempre escriben así los poetas.

Mejor dibújame un cordero.

 

Y el tiempo, ¿qué hago con él?

Que se esfume, el sempiterno ese.

¿No es aquello bastante cruel?

 

Se fueron escurriendo las horas,

enteras y sin retrasos.

A Jacinta le gustan más mis pinturas.

 

NGO.

 

 

 

 

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XVI

 

Quiero, te quiero.

El trabajo que me cuesta,

decírtelo, cantártelo…susurrártelo.

 

Yo sé que no soy todo lo que en esta vida tú quisieras.

No pretendo serlo, porque es más que cualquier cosa.

Lo que sé, es que te quiero tanto,

Tanto como este desvelo.

 

Si me callo es porque no sé como,

ni cuándo decirte,

que hay algo en mi pecho, en mi cabeza, en mi garganta,

y no puedo decírtelo,

porque también me cuesta tanto.

 

Y perdóname por ser mustia,

por no ser el alma de cualquier fiesta.

Aunque también es justo, perdonarte a ti

por ser sincero demás.

 

Y si pretendo negarlo o callarlo,

sepas bien que lo intento,

día tras día, confiarte este corazón zurcido.

 

NGO.

 

 

 

 

I

 

Pedacito de tierra que no pide nada

Que se lleva, sin aviso, a las muchachas

Y ya se le ha vuelto costumbre

Ese gusto por las más solitarias.

 

Como quema el sol en marzo, dice

¿Y qué importa eso?

Habemos sobras

Escondidas como arañas

 

Que no somos cultas, pero si muchas

Y andamos a tientas.

Como han cambiado los tiempos, dice

 

¿Y qué importa eso?

Habla la voz: No importa nada

Ya se las llevaron.

 

Anteayer a otra, dijeron

Yo la conocía, dijo

Oscuridad que lo cubre todo

Ruega por nosotros

No te olvides de nuestro dolor

Apiádate.

 

Era de la 92, dijo

La voz, las voces no paraban de hablar

Una tras otra

Como torbellino en el desierto.

 

Esta tierra pide mucho

No hallamos que más darle

Porque somos sobras

Y andamos incompletas.

 

Ya estarán muy lejos

Han de tener miedo

Si es que todavía tienen algo, dijo

No sabemos, dijeron.

 

Como duele ser migaja y andar a tientas

En esta tierra ingrata

A la que le faltan muchachas.

 

NGO.

Les disparitions forcées

Mi hija descansa en esta tierra vacía, sin un cuerpo que pueda dar muestra de su mutilación, por eso esta tumba está vacía como nuestra esperanza.

Ya no nos llueve desde hace meses, y andan diciendo cosas, cosas que nadie quiere oír, pero uno se acostumbra después de un rato. Tenemos el miedo corriéndonos por las venas, crujiéndonos los dientes, pero ni así decimos algo. Que al gobierno no le importe es una cosa, pero que al pueblo tampoco, es otra. Nos dijeron que no saliéramos, que el peligro andaba allá afuera, pero, ¿de dónde íbamos a sacar para vivir? Esta vez se llevaron a mi hija, ¿pero a cuántas hijas e hijos no se han llevado ya? Salió a trabajar y ya no volvió, y yo con estas piernas no puedo hacer mucho. En estos tiempos naces mujer y te tienes cuidar, andar alerta hasta en el sueño; pero una no tiene la culpa de eso, no es vida eso.

A mi niña le enseñé a leer y escribir para que cuando creciera no la hicieran menos como a mí. La mandé a la escuela con mucho esfuerzo, después de que a su padre nos lo mataron en el Bravo. Ya desde entonces sabía que nadie vería por nosotras, así que me puse a trabajar para sacarnos adelante. Y luego ella empezó a trabajar como yo, ayudándome como nadie lo hacía. No le vi la cara antes de irse, ni siquiera la ropa que llevaba puesta. ¿A cuántas madres les habrán quitado a sus hijos? ¿Qué hace uno después de perderlos?

Ni siquiera me la dejaron conocer un buen hombre y darme nietos, ni siquiera supo de qué color era el amor. No supo que más allá del calor de este desierto había cosas buenas…

Ahora ya no sé si soy madre.

EN MEMORIA DE LAS MADRES DE MÉXICO

NGO.

IX

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¿Cuánto tiempo ha pasado desde que no te escribo?

Estaba perdido en las extrañas conjeturas de una niña,

ahogándome en un pozo de azules aguas y amargos sabores.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que no te abrazo?

Los días anduvieron lentos por la espera,

y mientras los marcaba en la piedra caliza,

soñaba con ser ave.

¿Desde hace cuánto me lloras?

Aquí no hace frío a pesar de la penumbra,

escucho el eco de una voz clamando por alguien,

pero aquí tampoco hay nombres.

 

NGO.

 

El trabajo de un escritor es el más solitario

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¿Quién en su sano juicio, leería un libro sin ilustraciones? Los más atrevidos se sumergen en las miles de palabras de algunos libros, pero lo más locos, aquellos desprovistos de cura, eligen libros dotados de poesía y prosa profundísima.

Cuando era un niño, pedía los cuentos con colores e imágenes brillantes para entretener mi curioso espíritu infantil, pero unos años más tarde, y para mi sorpresa, me encaminaría a tan onerosa profesión, carente de fanáticos ruidosos y reconocimientos aún menos ruidosos. Es una vocación difícil, sin duda, pues rara vez nuestros borradores llaman la atención, y mucho menos las notas al píe de página, fácilmente ignoradas. Si fuésemos, quizás, algún fotógrafo, las personas nos dirían- ¡Muéstranos tus fotografías!-. O tal vez- ¡Hazme un retrato!-. Pero, en cambio, escribimos sin la necesidad de ser descubiertos, nos mantenemos ocultos aun teniendo una perspicacia inigualable. ¿Quién ha pedido un cuento de sí mismo?

 Pocos conocen la magia entre las cuatro paredes dónde presenciamos el arte del relato, y nuestras mentes atrapan las ensoñaciones para convertirlas en trazos letrados, atestados de descripciones, nombres, conflictos, héroes y villanos, prólogos y epílogos. Somos eso: palabras, extrañamente difíciles de recordar, pero siempre cerca del corazón.

¡Somos extraños, o peor, complejos! Somos una incógnita hasta para nosotros mismos.

La dicha de serlo me reconforta y no tengo explicación dialéctica para esto, soy un grano de arena entre tantos, pero con una cualidad sobrenatural esperando pacientemente. Y ahí vamos, furtivos y taciturnos, hasta el momento de afilar nuestra pluma con la verdad; materializamos la soledad y un sinfín de tristezas; las vaciamos con cuidado en papel para después echarlas a andar libres, esperanzadas a ser leídas, y si corren con suerte…marcadas en el lugar más recóndito: el alma.

NGO.

Desde ahora

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Creceremos y aprenderemos de los nuevos rostros y sus sonrisas, aunque olvidaremos lo que deseábamos ser de grandes.

Caminaremos y caeremos, no queriendo volver a levantarnos; las piernas nos temblarán de miedo y de coraje, pero avanzaremos con fuerza y devoción.

Tendremos amores que nos olvidarán y otros que se quedarán; defectos que nos lastimarán y virtudes que nos enseñarán.

Seremos aquello que nos dijeron que no fuéramos, lo que verdaderamente ansiábamos: seremos libres.

NGO.

Brevario de(s) amor

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I

¿Hay poesía en los labios del desamor?

¿Cómo podría?

¿No es el amor, el desvelo del poeta?

II

            Me hacen falta tus manos, pero no su rechazo;

tus labios, pero no el silencio; tus ojos, pero no el dolor que brota de ellos.

Me haces falta tú, pero no la razón por la cual me fui.

III

¿A quién han besado esos labios?

¿De qué maravillas u osadías hablan?

¿Qué esconden las comisuras de aquellos labios intensos?

Si supiera dónde buscar, hallaría la manera de arreglar una cita a ciegas con sus labios.

IV

No te escondas en la brevedad de una oración, hazte perpetúo.

En ti hay algo que no se encuentra ni con los ojos abiertos:

un montón de consuelos maternales y la espontaneidad de la muerte.

Ojalá y un día me vuelvas a querer.

V

Si me convirtiera en aquello que siempre he querido ser, dejaría de tener sentido.

Si por fin me correspondieras como yo quiero, dejaría de amarte.

NGO.